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Cuba enfrenta grave crisis energética y colapso del turismo
La economía cubana se enfrenta a principios de este 2026 a lo que analistas internacionales califican como un «punto de no retorno» en su infraestructura básica. La seguridad energética de la isla, dependiente de alianzas externas, se está desmoronando a una velocidad alarmante debido a un cambio drástico en la dinámica comercial de sus socios regionales, empujados por la renovada presión de Washington.
El balance de importaciones de hidrocarburos es crítico: Cuba solo ha logrado asegurar un único envío de crudo, procedente de México. Sin embargo, la continuidad de este suministro se ha visto truncada. Bajo la amenaza de imposición de aranceles por parte de la administración estadounidense.
La situación se ha agravado con la decisión de Jamaica, que también ha cesado el suministro de combustible a La Habana. Este cierre de grifos deja a la isla en una vulnerabilidad extrema. Según expertos en energía, de no concretarse nuevas entregas en el corto plazo, Cuba agotará sus reservas estratégicas en un periodo de uno a dos meses, lo que implicaría un colapso total de la red eléctrica nacional y la paralización del transporte.
Este escenario de desabastecimiento ha permeado la percepción internacional, golpeando el corazón de la principal fuente de divisas de la isla: el turismo. La crisis sanitaria, derivada de la falta de electricidad para mantener cadenas de frío y servicios hospitalarios, ha provocado una ola de advertencias consulares.
Potencias turísticas como Canadá, España y el Reino Unido han emitido alertas formales, instando a sus ciudadanos a extremar precauciones ante la inestabilidad de los servicios públicos. Por su parte, el gobierno de Argentina ha ido un paso más allá, recomendando evitar cualquier desplazamiento a la isla ante el deterioro evidente de los suministros sanitarios y las constantes fallas en la infraestructura básica.
