Política
China no quiere que relación con Panamá este sujeta a injerencia de terceros
En un movimiento que eleva la temperatura de las relaciones internacionales en la región, el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, dijo que Pekín está dispuesto a profundizar la cooperación con Panamá e instó al país centroamericano a salvaguardar los derechos de las empresas chinas que operan en su territorio.
El pronunciamiento del canciller asiático no se dio en el vacío ni responde a un mero protocolo diplomático; constituye una declaración de intenciones económicas de primer orden. Durante sus declaraciones oficiales, Wang dijo que las relaciones entre China y Panamá no deberían estar sujetas a la injerencia de terceros, haciendo referencia a Estados Unidos.
La petición de Pekín para salvaguardar los derechos de sus corporaciones pone de relieve la enorme vulnerabilidad a la que se enfrentan las inversiones de capital estatal y privado chino en suelo panameño. Durante la última década, firmas del gigante asiático han logrado adjudicarse contratos en sectores críticos. Para China, Panamá es la joya de la corona logística en América de Central.
Washington mira con profunda desconfianza que terminales portuarias adyacentes a una ruta por donde transita un alto porcentaje del comercio marítimo estadounidense queden bajo el control de conglomerados vinculados al Partido Comunista de China.
En los últimos meses, el gobierno de los Estados Unidos ha intensificado su presión política y económica sobre las autoridades panameñas, argumentando riesgos de espionaje, monopolio comercial y amenazas a la seguridad del canal, lo que ha ralentizado o puesto bajo escrutinio riguroso varios de los contratos firmados con empresas asiáticas.
Panamá país necesita con urgencia la inyección de inversión extranjera directa que solo las billeteras estatales chinas parecen dispuestas a ofrecer en el volumen necesario para financiar planes de infraestructura nacional. Quedar atrapado en el fuego cruzado de esta guerra comercial puede costarle muy caro a la competitividad del istmo.
El llamado de Wang Yi a mantener las relaciones bilaterales libres de la «injerencia de terceros» es una exigencia directa al Palacio de las Garzas para que mantenga una política exterior soberana y pragmática. Pekín le recuerda a Ciudad de Panamá que el comercio global ya no es un monopolio unipolar y que las represalias económicas o las trabas burocráticas impuestas a sus empresas por presión norteamericana tendrán consecuencias en la agenda de cooperación e inversión futura.
El istmo panameño se consolida como el escenario donde las dos superpotencias económicas del planeta miden sus fuerzas, transformando cada contrato de infraestructura logística en un complejo capítulo de la geopolítica contemporánea.
